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Releyendo a Poe: El ajedrez y las damas

agosto 30, 2010

En este juego [ajedrez], en que las piezas tienen distintos y extraños movimientos con valores diversos y variables, lo que sólo es complejo se toma (error bastante frecuente) por algo profundo. En él se requiere una poderosa atención. Si se flaquea un solo instante, se comete un descuido del que resulta un perjuicio o la derrota. Siendo los posibles movimientos no sólo variadísimos, sino complejos, las probabilidades de tales descuidos se multiplican y, en nueve de cada diez casos, el que vence es el jugador más capaz de concentrarse y no el más agudo. En las damas, por el contrario, donde los movimientos son únicos o no tienen más que variaciones, disminuyen las posibilidades de inadvertencia y, quedando relativamente distraída la atención, cualesquiera que sean las ventajas obtenidas por una de las dos partes lo serán por una superior agudeza. Para ser menos abstractos: imaginémonos una partida de damas en que las piezas han quedado reducidas a cuatro damas y en la que, por supuesto, no cabe esperar ningún descuido. Es obvio que en ella la victoria sólo puede decidirla (siendo igual la situación de los jugadores) algún movimiento  calculado, resultado de un esfuerzo del intelecto.

Tomado del cuento Los asesinatos de la calle Morgue

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